En conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer
Seguramente, uno pensará que no tiene nada que ver con éstos temas, porque no ejerce ninguna clase de violencia contra personas de su propio género o del otro (entiéndase femenino), por lo que no se sentirá aludido a lo que estoy a punto de escribir; la verdad, espero que aunque sea uno pueda pensarlo...
Generalmente, en base a estereotipos culturales (prejuicios), tendemos a calificar situaciones comunes porque algo le ocurre a una personas generalmente del sexo femenino y que por ser de la vida cotidiana, no percibimos como violencia.
¿Cuántos de nosotros no hemos dicho o escuchado frases como 'mujer al volante, peligro constante' o 'vieja tenía que ser'?. Tal vez afirmaciones como 'éstas son cosas de hombres' o 'pareces vieja, no seas llorón' o cualquier otra que denota desprecio por la calidad de persona y la individualidad de una mujer; pero lo más alarmante, es que incluso existen mujeres que por diversas circunstancias, llámese idiosincrasia, ignorancia o sumisión, dan paso a éstos lastres culturales, que tienen acento en la tradición mexicana debido al machismo arraigado en nuestra forma de ser y pensar.
Situaciones como la de preferir a un hombre que a una mujer para un empleo porque 'los hombres no se embarazan' o pedirle a una empleada que se vista de cierta manera 'para que haya algo que ver', son situaciones que destruyen la autoestima de las mujeres y fustigan el crecimiento personal, encasillando a las mujeres en esos estereotipos de labores del hogar y más como mártires del noviazgo o del matrimonio, que tienen que aguantar todo lo que su pareja quiera, sin tomar en cuenta opinión y exigiendo fidelidad y obediencia absolutas.
Nunca sentí tanta indignación como cuando escuché el relato de un hombre pegándole a una mujer, de la boca del agresor, que además justifica el hecho diciendo que 'sólo así aprenden'.
De hecho, datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, levantada entre 2003 y 2006 por el INEGI, el Instituto Nacional de las Mujeres y el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer, muestran que dos de cada cinco de las mujeres en México, ha sufrido alguna forma de violencia doméstica o de género, y de éste universo, una de cada tres es víctima de violencia emocional y una de cada diez, de violencia sexual.
Éstos datos nos permiten saber que la situación en México no ha mejorado, sólo se ha hecho más llevadera, lo cual es escandaloso e inadmisible para una sociedad democrática, que de dientes para afuera critica a otros países, sin dar pasos certeros para la resolución de este problema en territorio nacional, dando tumbos por la falta de carácter y compromiso para ello.
Señoras y señores, los problemas de ésta clase, producen severos traumas en sus víctimas y en su entorno social y familiar, afectando para siempre su conducta y carácter. Las mujeres no son objetos sexuales, no son lavadoras, estufas y escobas con pies y manos, son seres humanos que han probado en muchas disciplinas que pueden incluso superar los logros de un hombre, tanto física como intelectualmente, sin menospreciar claro, las habilidades de los varones, pues también sería para mí como escupir al cielo.
En conclusión, cualquier forma de violencia de género, sea física, verbal o psicológica es una práctica censurable y antihumana, que debe ser castigada por el estado para frenar su propagación y combatirla con prácticas que coadyuven a mejorar la situación que viven las mujeres por su misma calidad, a través de formación educativa más que nada, pero también a través de la concientización de un problema que nos ocupa a todos y debiera ser una prioridad.
Luis E. Castillo Abraham


